Texto: Beto Almeida
Foto: Divulgação

Beto Almeida, periodista brasileño
Presidente da TV Cidade Livre de Brasília
Ancla de la TV Paraná Educativa
Miembro de la Junta Directiva de Telesur
Miembro del Consejo Editorial del Periódico “Brasil de Fato”
Caracas, marzo de 2008
Ya no se discute más se existe o no el terrorismo mediático. Después que la humanidad comprobó, espantosamente, hasta donde pueden llegar los poderosos conglomerados privados mediáticos, cuando han creado un clima de terror en la opinión pública mundial, a partir de la falsa noticia de que habían armas de destrucción masivas en Irak, para justificar la ocupación y destrucción criminales de aquél país, haciendo correr allí tanta sangre en la misma proporción de la cantidad de petróleo que rapiñan, ya no hay más dudas; ya se puede esperar las acciones más inescrupulosas y sanguinarias de los que practican el terrorismo mediático.
Esta degeneración comunicacional es parte de la naturaleza misma de los medios de comunicación organizados en forma de oligopólios y cada vez más como reflejo de la inevitable concentración del sistema capitalista. O sea, no es posible creer en alguna posibilidad de civilidad, de corrección o de humanización de ese sistema comunicacional prisionero de la lógica del mercado cartelizado en una fase imperialista del sistema capitalista, cuya esfera de actividad más dinámica y lucrativa es la industria bélica. La vinculación y fusión cada vez mas profundizada de los medios de comunicación con esta industria bélica se comprueba con el control ejercido por los anunciantes sobre los medios; anunciantes que en su mayoría son empresas transnacionales desde siempre involucradas en las acciones de desestabilización de gobiernos democráticos y progresistas en todas partes.
El terrorismo mediático contra Vargas
La experiencia de Brasil con el llamado terrorismo mediático es trágica. Getúlio Vargas, que presidió el pais en una etapa en que más se nacionalizó la economía, que creó leyes que han favorecido los trabajadores, que hizo surgir la universidad pública, y dio gran incentivo a la educación pública y gratuita, inclusive haciendo nacer la Radio Nacional – emisora pública capaz de practicar una comunicación de contenidos verdaderamente nacionales, con grande repercusión popular -, sufrió en la carne por sus posiciones nacionalistas y antiimperialistas. Exactamente 30 días después de haber firmado la Ley que creaba la Petrobrás, Vargas fue llevado al suicidio en 24 de agosto de 1954 bajo presión de una fuerte campaña terrorista mediática que hablaba noche y día de un “Mar de Lama” en su gobierno. Vargas había creado la radio pública, pero había cometido el error de permitir que la televisión naciera privada en Brasil, inmediatamente asociada a los intereses económicos extranjeros, que jamás han aceptado la nacionalización del petróleo, de las riquezas minerales, las leyes de protección al trabajador, y que estaban determinados a no permitir que su gobierno siguiera adelante. El cerco mediático, de TV, radio y periódicos fue determinante para desmovilizar la población, para crear un clima de terror, llegando al ápice con el supuesto “atentado de la Calle Toneleros”, cuando un mayor de la Aeronáutica, seria asesinado por “francos tiradores” (“matones”) que la campaña del terrorismo mediático inmediatamente apuntaló como siendo agentes de Vargas, lo que jamás se ha efectivamente comprobado.
Vargas tenia consigo solamente la Radio Nacional de Río de Janeiro y el periódico “Última Hora”, diário popular y de grande tirada, dirigido por el periodista nacionalista Samuel Wainer, también blanco de la campaña del terrorismo mediático, acusado de ser judío. Contra él estaban unidos todos los demás medios de comunicación, las transnacionales, la oligarquía, y la incomprensión del Partido Comunista que, en titulares de su periódico en la edición de aquél 24 de agosto, también llamaba, junto con todos los periódicos controlados por el gran poder económico, la renuncia de Vargas. Con un tiro en su corazón Vargas despertó la indignación del pueblo brasileño, que salió a las calles y empasteló los medios de los golpistas y incluso el equivocado periódico de los comunistas que también reivindicaba la renuncia del presidente. supuestamente desde un punto de vista de la izquierda. Se hizo una acción popular fulminante que aplazó por 10 años la dictadura militar, que solamente comenzaría de hecho en 1964. Leia o resto deste post »